Lo que nadie te cuenta de trabajar desde casa

Si estás planteándote convertirte en emprendedor pero no quieres empezar pagando un alquiler o si ya llevas tiempo como autónomo desde casa habrás oído las mil y una bondades de trabajar en el hogar. No vamos a negar que las tiene, bastantes, sobre todo si tienes hijos o personas mayores a tu cargo o si no puedes permitirse un local propio. Pero no es oro todo lo que reluce, ni en el emprendimiento ni en el trabajar desde casa.

Uno de los primeros post que escribí en este blog fue una serie de consejos para trabajar desde casa y es uno de los que más me ha gustado porque supuso trasladar la experiencia como autónoma a gente que está en la misma situación o se plantea estarlo. Desde hace un tiempo me rondaba la cabeza otro tipo de post: lo que nadie te cuenta de trabajar desde casa. Así que allá vamos.

Foto de marin.

Foto de marin.

1. Conciliar no es nada fácil. Y tú me dirás que tampoco lo es para el asalariado. La gran diferencia es que la mayor parte de los asalariados tienen un horario que se cumple, los autónomos no lo tienen. Nos ponemos horarios una y otra vez, pero es imposible no caer en coger el teléfono en el rato que te has dado para comer o contestar mails de la que vas por la calle a recoger a los niños al colegio. La consecuencia es que acostumbramos a nuestros clientes a que no tenemos horarios y estamos abiertos 24/365.

2. Trabajas más horas. Es un hecho probado que si trabajas desde casa trabajas más horas que si tienes un lugar de trabajo propio fuera del hogar. La razón es bien sencilla: te cuesta más desconectar del quehacer y también es más difícil que los clientes no te reclamen a deshoras. Hay quien piensa que trabajar desde casa supone invertir menos horas cuando ocurre lo contrario.

3. Te caen todos los marrones. Si trabajas desde casa sueles tener más libertad a la hora de quedar o poder escaparte a hacer un recado. Esto hace que tus amigos, familiares y gente del entorno cercano se crea que no trabajas tanto como dices. Y piensan que estás disponible 24/365. Te conviertes en quien lleva a la abuela al médico, el que compra los regalos de última hora y el que arregla marrones de cualquier calibre.

4. Inviertes más en pijamas que en ropa de calle. Si trabajas desde casa es porque la mayor parte de tu trabajo se puede hacer desde el hogar y esto supone que con el tiempo caes en la rutina de considerar al pijama tu ropa preferida. Te sigues aseando como cualquier persona, no te vayas a pensar que tenemos problemas de higiene, pero vuelves a ponerte el pijama porque, al fin y al cabo, es la prenda más cómoda que existe. Es más, cuando llevas varios días en pijama resulta un poco difícil ponerte unos vaqueros y una camiseta. Ya ni te digo cuando tienes que peinarte para hablar con un cliente por Skype.

5. Los carteros, repartidores y demás personas que llaman a tu puerta te miran mal. Esto es algo por lo que pasamos alguna vez casi todos los freelance que trabajamos desde casa. Si estás en pijama o con ‘pintas’ vas a abrir de esa guisa. Problema: si es la 1 de la tarde el que hay al otro lado no va a pensar en que trabajas desde casa y llevas currando desde hace cuatro horas. Él lo que piensa es que eres un vago redomado que ni trabaja ni estudia y ni siquiera se ha quitado el pijama a esas horas.

trabajar_en_pijama

6. Te cuesta mucho desconectar en tu propia casa. Tu casa es tu hogar pero también es tu lugar de trabajo así que te cuesta mucho desconectar. Probablemente el ordenador con el que trabajas es el que usas en tu tiempo libre y es difícil no ir a las carpetas de proyectos cuando se supone has acabado. Más aún cuando no tienes oficina propia y trabajas en el salón, la cocina o la habitación.

7. Es fácil desconcentrarte. Dicho lo anterior también ocurre que es fácil desconcentrarse. Quitar la ropa tendida si se pone a llover, las llamadas de tu madre al teléfono fijo, la necesidad de ponerte a limpiar porque lo ves todo sucio, preparar la comida… Existen muchísimas distracciones cuando se trabaja desde casa, sin contar las generadas por otras personas con las que puedas convivir.

8. Una caída de internet es tu ruina. Cuando internet deja de funcionar en una empresa se lo toman como horas de asueto. Cuando ocurre en casa de un autónomo es una hecatombe. Si además tienes el móvil con la misma compañía pasas a estar incomunicado. Y sí, tu eres un profesional, pero para tu empresa de internet eres un vecino más al que se le ha caído internet así que no ve la urgencia del mismo modo que la ves tú.

9. No tienes compañeros con los que interactuar. Probablemente es lo que menos me gusta, personalmente, de trabajar desde casa. Aunque tengas compañeros no hablas con ellos del mismo modo que lo haces en una oficina, no tienes con quien compartir el café de media mañana ni comentar lo que viste ayer en la tele o resolver dudas. Las redes sociales pasan a ser importantes si no quieres ser un marginado social.

10. La calefacción, la luz, internet y el teléfono lo pagas tú. Si trabajas como asalariado y pasas a hacerlo desde casa al mes siguiente te llevarás un susto al ver el recibo de la luz y de la calefacción, porque se incrementa considerablemente por el consumo realizado durante las horas de trabajo. De internet y el teléfono no tanto porque casi todos tenemos tarifas planas, salvo que contrates líneas diferentes.

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