Qué se comunica en un debate electoral sin abrir la boca

La polémica de las últimas semanas en este país han sido los debates electorales. Quién va y quién no va, cómo gestionarlos e, incluso, cómo colocar a los participantes son cuestiones que han llegado a eclipsar a los propios comicios del 20 de diciembre.

Al final lo que parece que menos importa es lo que se dice y que lo importante es todo lo que hay alrededor. Y es que en un debate electoral no solo se comunica lo que se dice.

Hay toda una serie de factores alrededor que dicen mucho del candidato en cuestión. ¿Quieres saber todo lo que se puede comunicar en un debate electoral sin siquiera haber abierto la boca?

Foto de Rtve.es.

Foto de Rtve.es.

Empezamos por la asistencia, o mejor dicho la no asistencia.  En campaña electoral se mide hasta el más mínimo paso que se da así que decidir no acudir a un debate (o enviar a alguien en su lugar) es algo muy estudiado. Significa que no se está seguro de poder ganarlo. O dicho de otro modo: se está seguro de que se va a ser restar en vez de sumar votos.

Las entrevistas o las intervenciones en que el candidato habla con uno o más periodistas son más fáciles de gestionar. En un debate hay más “peligros”. No solo se trata de responder adecuadamente las preguntas, sino también hacer frente las intervenciones del resto de participantes, incluso a algún otro factor externo.

Lo que se lleva al debate también dice mucho del candidato. El color de la corbata, el tamaño de los tacones o cómo se peina un participante está medido al milímetro por los responsables de su campaña.

Y más ahora en que impera la moda de no ocultar a los candidatos tras una mesa y colocarles en un atril o sin siquiera eso, de modo que prácticamente todo queda a la vista del espectador. Por lo tanto todo puede ser analizado.

debate_sin_atril

El lenguaje corporal dice tanto como la comunicación verbal. En una intervención breve es más fácil de mantenerlo a raya, pero en un debate resulta mucho más complicado. Gesticular con las manos, mover los pies por estar inquieto, juguetear con un bolígrafo, tocarse el pelo…

Son todas actitudes que denotan nervios, inseguridad, incluso que no se está convencido de lo que se está diciendo. Y eso, a la vista de un posible votante, puede ser peor que una expresión desafortunada.

Los debates son un espacio perfecto para aquellos candidatos que pueden improvisar y suelen salir airosos de situaciones delicadas. Sin embargo también son sitios en que pueden cometerse muchísimos gazapos. Una pequeña equivocación con un nombre o una actuación será lo más recordado de la actuación de un candidato.

Al fin y al cabo, con lo que los espectadores se quedan cuando acaba el debate es con los errores, los chascarrillos, las curiosidades o las carencias. Poco importa quien gana a quien con sus planteamientos, sino quien deja una huella mayor.

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