Clientes de los que huir (o mantenerte alerta)

Un negocio sin clientes no funciona. Pero cuando los clientes  no cumplen su parte tampoco funciona y, además, te suponen una pérdida muy importante de tiempo y dinero. Seguro que tú también te has encontrado con alguno que te ha hecho dar vueltas sin sentido para al final acabar por no convertirse en cliente o que lo hace habiéndote loco en el proceso.

En los últimos meses yo he conocido a varios de esos. También otros muchos con los que trabajar es un verdadero placer y a los que estimo mucho más a causa de los primeros. A esos los he incluido en una lista: clientes de los que huir. Te recomiendo que a la mínima sospecha de que puedan formar parte del siguiente grupo pongas pies en polvorosa pero, si no lo haces, al menos estate alerta por lo que pueda pasar.

Foto de 3dman_eu

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-El cliente ‘y esto cuánto me va a costar, pero cuánto, cuánto’. Son los más habituales y probablemente te hayas encontrado con varios. Son esos que te llaman o te escriben y antes siquiera de saludar ya te están pidiendo el presupuesto. Ojo que yo entiendo que no se puede contratar nada sin saber cuánto te va a costar, pero para que alguien pueda decírtelo tiene que saber qué es lo que quieres.

Me llegan muchos mails que en esencia dicen “Hola, estoy buscando un copywriter para mi página web. ¿Puedes darme presupuesto?”. Yo te lo doy encantada, pero quiero saber qué tipo de textos necesitas, cuántos necesitas y ya si me pasas el enlace a tu página web, para saber de qué se supone debo escribir, sería de gran ayuda.

Cuando ofreces un servicio personalizado el presupuesto depende de lo que busque el cliente, esto no es como comprar un paquete de galletas, con un peso y precio determinado, así que sin conocer detalles no puedo presupuestar. Y priorizar el coste sin saber siquiera qué te ofrecen no es una buena idea, es propia de un cliente no estima tu trabajo.

-El cliente ‘esto es muy caro, hazme una rebaja’. El dinero es importante, ya lo comenté anteriormente, y todos somos conscientes de ello pero cuando prestas servicios profesionales no estás en el rastro. Aquí no se regatea. No vale que presentes un presupuesto detallado y currado (la gente no lo sabe, pero presupuestar lleva bastante tiempo) y te digan “me parece muy caro, yo esperaba pagar la mitad”.

Ante una respuesta como esa mi consejo es ofrecerle reducir servicios hasta donde él puede pagar, determinar un pago fraccionado o decir no al trabajo. Nunca aceptes un “ya lo veremos cuando acabes” porque eso significa que no vas a cobrar nunca lo presupuestado.

-El cliente ‘si esto lo hace cualquiera’. Huye. Es mi consejo cuando te enfrentas a alguien que de primeras te dice que un plan de márketing lo hace cualquiera o un logotipo se lo monta su sobrino de 14 años desde el móvil. No valoran el trabajo profesional y no están dispuestos a pagarlo (sí, el dinero es el gran problema), así que no creas que vayan a hacerlo.

De aceptar a un cliente de este tipo te enfrentas a estar escuchando como infravaloran tu trabajo mientras dure vuestra relación y que, llegado el momento de pagar, no esté dispuesto a hacerlo por las buenas.

-El cliente que no pregunta cuánto va a costar. Si los anteriores son peligrosos éste aún más. Cuando has hablado varias veces con él y no se interesa en el presupuesto preséntaselo tú. De lo contrario corres el riesgo de que una vez puesto en marcha el proyecto no tengas capacidad de negociar y tengas que conformarte con cobrar menos y hayas perdido tiempo y esfuerzo.

Foto de Stevepb.

Foto de Stevepb.

Para evitar todo esto firmar un contrato con condiciones, plazos, presupuesto y modo de pago resulta de lo más interesante, especialmente cuando los trabajos tienen cierta envergadura. Da seguridad a ambas partes.

El cliente ‘cuento de la lechera‘. Vale que es normal desahogarse y no siempre se hace con la persona más adecuada o que pueden surgir imprevistos, pero cuando tú presentas un presupuesto y te dicen que para pagarte tiene que cobrar la paga extra de dentro de cuatro meses no te estreses por empezar.

Puede ser verdad, en cuyo caso lo mejor es que espere a cobrarla para contratarte, o puede ser una excusa para darte largas y esperar a que tú hagas un trabajo cuando ni él está seguro de que vaya a poder pagarte. Y entonces, ¿qué?

-El cliente ‘tú vete empezando y ya te mandaré los datos’. En la mayor parte de los servicios autónomos se necesita cierta información que sólo puede facilitar el cliente y que, aunque a él le pueda resultar difícil de entender, es básica para que tú empieces a trabajar. Aún así hay quien se compromete a mandártela y un mes más tarde sigues esperando por ella.

En estos casos reconozco que yo soy muy pesada y le pido que me la mande de todas las formas posibles hasta acabar recordándole que si no la tengo priorizaré proyectos de otros clientes. En ocasiones el cliente entiende que si no te envía esa información puede romper vuestro compromiso, así que puedes estar haciéndole sitio en tu agenda cuando él ha decidido pasar de ti.

-El cliente ‘lo quiero para pasado mañana’, que además es posible que sea lunes con lo que te tocará trabajar el fin de semana. Te confieso que este es mi cliente del que huir favorito, el que te organiza a ti el trabajo y se mosquea cuando no contestas mails a las 7 de la tarde de un viernes porque quería que trabajaras el fin de semana en su proyecto.

Siendo autónomo cada uno se organiza el trabajo como mejor puede o quiere, pero todos tenemos derecho a nuestro descanso y a autogestionarnos. Quien trata de imponerte que priorices lo suyo sin saber siquiera si tienes más cosas que hacer acaba por no ser un buen cliente. Y lo peor es que le acostumbres a hacer lo que él “ordena” porque el día que intentes decir no  el cabreo que se va a pillar va a ser considerable.

Los clientes de los que huir son los que, en definitiva, no valoran tu trabajo cuando ni siquiera lo has empezado. Y si ese es el inicio puedes imaginarte que el final tiene todas las papeletas para ser como el rosario de la Aurora. De ahí que mi consejo sea huir de ellos o aceptar colaborar, pero estando muy pendientes de cómo actúen.

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