Motivos para no emprender

Al leer el título igual piensas que se me ha colado un ‘no’ que desdibuja por completo todo este post. Pero no, no hay ningún error. Hoy quiero hablarte de los motivos por los que no emprender. Ya sé que internet está plagado de artículos en que cantan las bondades de poner en marcha tu propio negocio, de ser tu jefe, de perseguir tus sueños…

Así que como de eso está escrito casi todo hoy he decidido hablarte del otro punto de vista, de porqué no has de emprender. Una experiencia de diez años como autónoma da para muchas reflexiones y te aseguro que no todas son alabanzas al autoempleo. De hecho hay momentos temidos por cualquier freelance en que se plantea tirar la toalla.

Emprender tiene sus ventajas, eso no lo vamos a negar, pero también desventajas. De cuáles te compensan más, cuáles puedes transformar o tu situación particular depende tu decisión de poner en marcha tu propio negocio.

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En los últimos años se ha dulcificado el mundo de los autónomos. La crisis económica ha convertido el autoempleo en una posibilidad de ponerse a trabajar cuando no se encuentra por cuenta ajena. Las administraciones la fomentan porque supone reducir la lista de desempleados y, si crean más puestos de trabajo, supone generar riqueza.

Pero evidentemente la visión que trasladan en ocasiones del autoempleo dista mucho de la real, o de la que te encuentras cuando de verdad te pones a trabajar por cuenta propia. Mi experiencia es como autónoma, no empresaria, una persona que trabaja sola así que no es igual que la de otros emprendedores -de hecho soy de las que cree que esa etiqueta le queda grande. Ser el responsable del empleo de otras personas se me hace muchísimo más complicado.

En este caso toda la responsabilidad del trabajo recae sobre mí, cierto que también los beneficios. Pero más allá de la carga de trabajo es la necesidad de convertirte en una mujer orquesta -por mucho que delegue ciertas labores. Si quieres acudir a cursos de formación o a encuentros con otras empresas has de decidir si optas por quitarte esas horas del horario laboral o del ‘de ocio’. Evidentemente lo quitas de lo último.

Y aún así en ocasiones resulta de lo más complicado encajar los diversos actos que se organizan para autónomos -y yo vivo en una ciudad pequeña de Asturias. ¿Cómo lo hacen esos que no se pierden un sarao? Mi única respuesta es que tienen un doble o trabajan poco, muy poco. Pero claro, tienes que ir, tienes que hacer networking, tienes que dejarte ver para que sepan que existes.

 

 

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Y es que el trabajo en sí, prestes servicios de comunicación o vendas tornillos al por mayor, debería ocuparte la mayor parte de tu tiempo -del laboral, insisto en que debería haber otro de ocio. Pero entre trámites, responder mails o planificación de ese trabajo que has de hacer se te va el tiempo. No te digo nada como tengas que ir a Hacienda. Puedes dar la mañana por perdida.

Una de las peores cosas de ser autónomo es esa soledad y no me refiero al hecho de trabajar sola -benditas redes sociales y mensajería instantánea. Es la de no tener a quién preguntar cuando no sabes si optar por A o por B, no tener a quien recurrir cuando te llega una carta de Hacienda y te tiemblan las piernas o no saber cómo responder a un cliente que te está pidiendo la luna y a ti sólo te apetece mandarlo a orbitar un ratito. Por suerte tengo amigos autónomos (y otros que no) comprensivos con los que descargar y sobrellevar la cara B de los autónomos.

Eso de que cuando eres autónomo eres tu propio jefes es una falacia. Pasas de tener un jefe, como suele ser normal en el caso de gente que trabaja por cuenta ajena, a tener muchísimos jefes. Tantos como clientes. Todos te exigen un servicio en unas condiciones y en un plazo. Y tú tienes que hacer malabares con eso, las peticiones de última hora, los imprevistos y toda clase de  situaciones sobrevenidas.

Y Dios te libre de pretender descansar como cualquier otra persona, caer enfermo cualquier día o elegir tu propio horario, ya lo de cogerte vacaciones para algunos es tarea imposible. Si las empresas para las que trabajas siguen funcionando esos días, ¿quién hará tu trabajo? No puedes permitirte contratar a nadie para unos días, y no me refiero a cuestiones económicas. Cuando realizas un trabajo personalizado necesitarías muchos días y esfuerzo para enseñar a otro cómo lo haces y que pueda sustituirte.

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